Desde que entraste en la familia y te conocí, hace ya unos 14 años, supe lo afortunada que era mi hermana por haberte encontrado.
Para mí siempre has sido, y sigues siendo, como un hermano. De esos que no paran de hacerte reír, que se meten contigo, que te chinchan… justo como lo haría un hermano mayor con su hermana pequeña, porque en el fondo sé que así es como me ves.
También sé que tú te ríes mucho conmigo, sobre todo con mis salidas espontáneas, como aquel “vaya perro guau” y tantas otras tonterías que digo sin pensar.
Siempre me has dado muchísima confianza. Muchas veces recurro a ti para contarte mis miedos, mis problemas o mis preocupaciones, y siempre estás ahí para ayudarme, con paciencia y con los mejores consejos.
Además, has sido un pilar importante en los momentos difíciles, intentando siempre apaciguar las situaciones con mis padres y transmitiéndome tranquilidad, haciéndome sentir que todo estaría bien y que todo acabaría saliendo adelante. Gracias de corazón.
Hace 15 meses me disteis uno de los regalos más grandes que podría recibir: la llegada de Leo, nuestra luz y alegría cada día.
Me encanta compartir momentos contigo, como cuando vamos a recoger a Leo y pasamos la tarde juntos.
Gracias por todos los momentos que hemos vivido, y por todos los que aún nos quedan por celebrar y disfrutar.